miércoles, 9 de noviembre de 2011

Desarrollo del ser humano de los tres a los seis años

“El trabajo del niño no produce un objeto material, sino que crea a la humanidad entera”
Dra. Montessori

Esta etapa es muy importante en la vida del ser humano ya que se debe organizar todo lo que hasta este momento ha recibido y sigue recibiendo; son sus sentidos los que perciben el ambiente que lo rodea, por lo que éste debe ser rico en estímulos que le permitan ordenar, clasificar, relacionar, organizar, etc.;  por ejemplo, si tiene una gran variedad de juguetes y nosotros observamos sus actividades, veremos que el niñ@ los selecciona por colores, por tamaños, por formas y NO  importa que no conozca sus nombres ni los colores.


En este proceso de su desarrollo los niñ@s son capaces de hablar de situaciones o de personas que no estén presentes; sus frases se vuelven más largas y articuladas mostrándonos su conocimiento del mundo externo; son capaces de describir sus emociones y todo lo que sucede a su alrededor; aparece el “yo”, afirma su identidad y pide ser reconocido como un ser único e irrepetible.

Necesita alimento tanto para su cuerpo como para su mente: Así como el cuerpo debe de alimentarse adecuadamente para que se efectúen de manera armónica todas sus funciones y se desarrollen en plenitud sus capacidades y habilidades, el ambiente debe ser pletórico de estímulos y nutrientes para su mente y donde pueda efectuar todo tipo de actividades.

El niño es un observador que registra activamente las imágenes por medio de sus sentidos”,  los recuerda y utiliza; cuantas veces, en uno de esos momentos maravillosos, el niño observa, fija sus atención en algo y el adulto lo interrumpe bruscamente por cosas sin importancia; la Dra. Montessori dice “imaginémonos a un escritor, pintor, artista, científico, en su momento de inspiración y abruptamente lo interrumpimos; privaríamos a la humanidad de su obra maestra”; así, al niño lo estamos privando de su obra maestra –de sí mismo-.

Por todo esto, la Dra. Montessori propone se prepare un ambiente con una diversidad de materiales científicamente elaborados para que, a través de su observación y experimentación, el niñ@ pueda ir registrando en su cerebro ese trabajo tan delicado e importante, donde ejercite su inteligencia y desarrolle cualidades como la paciencia, constancia, serenidad, silencio, etc.

El movimiento es un factor esencial para la construcción de la inteligencia que se alimenta y vive de experiencia son obtenidas en el ambiente, es el factor que liga el espíritu al mundo”.

El niño requiere de una gran posibilidad de experiencias donde su coordinación gruesa y fina sean ejercitadas, donde haya la práctica de diversos movimientos de presión, de puntos de apoyo, de uso de los pies: puntas, talones, laterales, donde se pueda caminar, trotar, correr de frente, de costado, de espalda, en cuclillas, con las cuatro extremidades, con pesos, etc., es decir toda la posibilidad de movimiento.”

La voluntad no es un simple impulso de movimiento, sino es la suprema dirección de los movimientos”, no basta pensar, desear, tener intenciones, lo que importa es la acción, el equilibrio entre las fuerzas motrices opuestas para formar así hábitos, y es el hábito lo que produce la transformación.

El niño debe de crecer en un ambiente en que se le brinde la oportunidad de elegir en la medida de sus posibilidades, para ir poco a poco asumiendo su responsabilidad y comprender que elegir es renunciar pues, cuando se quiere algo, se deja lo demás; es la oportunidad de darse cuenta que no lo puede tener todo y esto le va a dar la comprensión de los límites, de las reglas y, con seguridad y confianza, asumirá las consecuencias al tiempo que del creador inconsciente se va construyendo el trabajador consciente.

Con cariño,
Olivia Camacho Zárate
Guía  de Casa de Niños de COEDI

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