domingo, 2 de octubre de 2011

La relación adulto-niño en un ambiente Montessori

La relación adulto-niño en un ambiente Montessori se basa fundamentalmente en el respeto, la comprensión, la justicia, la honestidad y la sinceridad recíprocas.

Los niños son fieles durante toda su vida al modelo de comportamiento, bueno o malo, que copian del adulto y, si durante sus primeras experiencias han aprendido a apreciar a las personas que les rodean y a confiar en ellas, desarrollarán más fácilmente confianza en sí mismos y serán más comunicativos en su trato con los demás.

Por el contrario, los niños que tienen pocas satisfaccionesen su contacto con los adultos, mostrarán, al crecer, casi con certeza, los efectos; si deben luchar para ser tomados en cuenta, es probable que se pongan a la defensiva ante otras personas.

Si el adulto censura al niño; si es autoritario con él o demasiado exigente, creará sentimientos de desprecio e inseguridad.

Si el adulto es protector en exceso, el niño reaccionará por lo común tornándose autoritario y dominante o tímido y retraído.

Cuando el adulto es reñido, nervioso, o está sujeto a frecuentes estallidos de ira, no es extraño que el niño aprenda a actuar de la misma manera.

El adulto suele olvidar el hecho de que los niños son más razonables, más colaboradores y más generosos cuando se les trata como a personas responsables y se les permite compartir los problemas que deben encarar los adultos.

Es difícil para el adulto comprender que los niños crecen rápidamente y que, en consecuencia, necesitan poco a poco menos vigilancia, más confianza y más oportunidades para asumir responsabilidades.

El adulto no quiere disminuir su rigor, obliga al niño a volverse desafiante, agresivo y desobediente en un esfuerzo inconsciente por eludir el absoluto dominio que se le impone.

Sin embargo, el adulto debe poner ciertos límites y no permitir que el niño se salga de ellos, conduciéndolo en su deseo de desarrollo.

Se tiene que tomar en cuenta también la edad, ya que nunca se puede tratar de la misma forma a un niño de "Casa de Niños" que a un niño de "Taller", pues cada edad tiene su propia madurez e intereses.

Se debe permitir al niño actuar como un ser humano libre; él nos enseña orde social, calma, disciplina y armonía.

Nuestra ayuda debe ser para que el niño sea capaz de actuar por sí mismo y el adulto tiene que ayudar a no ser un obstáculo porque su vida profunda depende de esto.

Si al niño no se le permite desarrollar sus funciones vitales, es común que se enferme psíquicamente.

El adulto, en esta relación, debe ejercer su autoridad en forma racional, abierto a darse cuenta de sus errores y tener capacidad de dialogar.

Esta autoridad la debe ejercer temporalmente y debe reconocer el momento en que debe abandonarla; debe ser un servicio, una ayuda y debe apoyar y estimular el bien común.

Sin embargo, para ejercer autoridad, deben tenerse cuatro cosas: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimientos regidos por el amor y el trabajo.

En esta relación, el adulto debe tener conocimiento del niño, de sus gustos e intereses y convivir con él, hacer cosas interesantes con ellos e inculcarles el convencimiento de que ocupan su propio y verdadero lugar en donde se encuentren, aun cuando sean niños todavía.

Rosaura Rosales Martínez
Guia de Taller 1 de COEDI

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