lunes, 5 de septiembre de 2011

Cómo organizar tu casa para ayudar a tu hij@ (modelo educativo Montessori)

El enfoque de Montessori sobre las prácticas en la crianza del niño y la educación durante los seis primeros años de vida ponía un gran énfasis en tres ideas centrales:

1. En primer lugar y sobre todo, que debería haber el máximo posible de libertad física e intelectual para el niño.

2. En segundo lugar, que el entorno en sí mismo y la forma en que está dispuesto tiene una profunda influencia en el desarrollo y en el aprendizaje.

3. En tercer lugar, que la forma en que tratan al niñ@ los adultos que le rodean, especialmente los padres, tiene un profundo efecto en su desarrollo.

El entorno del hogar

Un papel fundamental de los padres es preparar la casa para su hij@, de manera que estas ideas se puedan convertir en posibilidades prácticas.

Para hacerlo así, en primer lugar, mira tu casa desde la perspectiva de tu hij@. Él, al fin y al cabo, forma parte de la familia y debería sentir que ocupa un lugar importante en ella.

Hay seis principios básicos a tener en cuenta cuando organizas la casa en torno a tu hij@:

A la medida del niñ@: En el ambiente Montessori todo está a la medida del niño. Es así porque es como Montessori la denominó literalmente la “casa dei Bambini” o la “Casa del Niño” y, aparte de los profesores, sólo los niños la utilizan. El hogar es diferente; desde luego, porque lo tiene que compartir toda la familia, pero es posible introducir mobiliario a la escala adecuada en las diversas habitaciones. El dormitorio del niñ@, por ejemplo, sólo lo utiliza él, por lo que esta habitación, al menos, se puede preparar a su medida. Por supuesto, habrá otras habitaciones en las que el niñ@, dependiendo de su edad, pueda participar y tener un lugar para sus propias cosas.

Contacto estrecho: El niñ@ comienza a aprender desde el momento en el que nace y, lo que es más, la mayor parte de lo que aprende sobre el mundo, su cultura, lenguaje y herencia, es a través de sus padres. Así pues, si es posible, trata de organizar tu vida de manera que tu hij@ pueda pasar la mayor parte de su tiempo cerca de ti: el padre, la niñera, los abuelos, la cuidadora. Incluso un bebé que no pueda aún sentarse debería estar cerca de donde tiene lugar la acción, cerca de la madre durante las horas de vigilia, donde pueda observar, oír y aprender sobre los sucesos diarios de su casa.

Libertad dentro de unos límites claros y precisos: Un niñ@ aprende estando activo, tocando cosas, saboreándolas, oliéndolas, escuchándolas y mirándolas atentamente. Cuando se le restringe en exceso, atado con correas o dentro de un parque, se están limitando sus horizontes. Aunque, evidentemente, se debe tener cuidado en garantizar su seguridad hasta que haya aprendido sobre los peligros de su entorno, los únicos otros límites a su libertad que se deberían considerar son aquellas actividades y conductas que la familia establece de común acuerdo como no permisibles. Si estableces una norma y luego encuentras que constantemente se está quebrantando, observa a tu hij@ y trata de comprender por qué no funciona: probablemente en esa norma, no en el niño, hay algo equivocado. Es posible que haya que cambiar o modificar la norma para que sea más apropiada a la edad del niñ@.

Implica a tu hij@ en la vida familiar: Si un niño está siempre relegado a su propia “sala de juegos” o si se le dice que se vaya a hacer algo mientras tú acabas lo que estás haciendo, no podrá aprender tan rápidamente como funcionar dentro de un grupo y como controlar su propio entorno y hacerse independiente. Es por medio de observar, ayudar y participar en las actividades cotidianas, tales como hacer las camas, lavar la ropa, ir de compras, cocinar y comer como parte de la familia, como tu hij@ aprende estas cosas fundamentales.

Atender las necesidades de tu hij@: Prepara el entorno para atender las necesidades del niñ@ y esto debe incluir no solo las necesidades físicas sino también las psíquicas. Recuerda que el niñ@ construye su personalidad única en interacción con el entorno y, para hacerlo de la mejor manera posible, se deben atender sus necesidades. Sus necesidades físicas se pueden identificar enseguida: alimento, vestido, cobijo y seguridad, además de espacio suficiente para moverse; pero tiene, igualmente, necesidades psíquicas y éstas incluyen amor, aceptación social y respeto por él como ser humano. Al proporcionarle estas cosas, le ayudas a desarrollar el respeto a sí mismo. Puesto que está en sus primeros seis años de vida, luchando por formar parte de su grupo cultural, necesita también aprender sobre su propia cultura e identificarse con ella.

La disciplina positiva: Es mucho mejor enseñar a tu hij@ a hacer las cosas de la manera correcta que concentrarse en corregirle cuando las hace mal. Si es necesario, prepárate a mostrarle una y otra vez cómo hacer algo, hasta que estés seguro de que comprende  lo que se le pide. Trata de ayudarle a desarrollar la autodisciplina, por medio del ejemplo, el estímulo y el razonamiento.

Si la casa proporciona al niñ@ un entorno similar y congruente con el ambiente Montessori que encuentra en la escuela, se facilita el desarrollo de la estructura mental fundamental de una personalidad humana plena.

Con cariño,
Olivia Camacho Zárate
Guía de Casa de Niños de COEDI

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