viernes, 25 de marzo de 2011

Efemérides 25 de marzo

1876. Muere en la ciudad de México José María Vertiz y Delgado; famoso médico oculista; fue de los primeros en operar la catarata y en 1854 fundó una sala de consulta para los enfermos de los ojos, en el Hospital de Pobres; fue socio fundador de la Academia de Medicina de México y también Director del Hospital de Jesús durante varios años.

1918. Nace en Guanajuato la filósofa y escritora mexicana Emma Godoy Lobato; escribió biografías, cuentos, novelas, poesía, crítica de arte, ensayos filosóficos; en 1973 fundó la Asociación Dignificación de la Vejez (DIVE) y se esforzó por inculcar una conciencia en la sociedad a través de la radio; el gobierno mexicano creó en 1979 el Instituto Nacional de la Senectud (INSEN), actualmente Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM).

1926. Nace el poeta chiapaneco Jaime Sabines; es uno de los poetas más reconocidos de nuestro país y recibió numerosos premios y distinciones.
Los amorosos
 
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables.
Los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota corno sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

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