sábado, 1 de enero de 2011

Cuento: Los relojes más caros del mundo, por Alessandra Romero Reyes

Un día, en una grande y muy costosa tienda de antigüedades, se encontraban dos hermosos y costosos relojes: uno era de arena y otro ya era normal; ambos eran de oro y muy antiguos; pertenecieron a reyes y pasaron de generación en generación; como eran bastante  caros nadie los compraba, así que los relojes se hicieron muy buenos amigos porque estaban juntos, aunque estaban tristes y hartos de que nadie los comprara; ya hasta estaban empolvados de tantos años que llevaban ahí, hasta que un día, común como todos, entró un señor muy elegante y con gran clase; al entrar, al instante los relojes captaron la atención inmediata del señor, que preguntó el precio: era una gran suma de dinero, pero para el señor no era problema, podía pagar pero ¡sólo por uno!, ya que sólo llevaba la cantidad de dinero para uno, el dueño de la tienda le dijo que se llevara los dos, que eran bastante hermosos; que primero se llevara uno y después el otro, pero el señor le dijo que sólo estaba en ese país de visita y que ya no podría volver jamás.
Los relojes estaban muy angustiados; no querían separarse pero, a la vez, se morían de ganas de salir de esa tienda y volver a pertenecer a un hermoso castillo, mansión o simplemente salir de ese muro lleno de polvo, entonces discutieron bastante, el señor no podía decidirse por cual de los dos llevarse, pasaron horas y horas  para que el señor tomara una decisión, hasta que se decidió por el de arena, porque era más antiguo, más lujoso, raro y extravagante de conseguir; pero, cuando estaba a punto de tomarlo, escuchó una voz diciéndole ¡NO!.
Vaya, cual era su sorpresa: era el reloj que había roto las reglas de tener comunicación con humanos.
El señor y el dueño de la tienda estaban realmente sorprendidos; era algo que jamás en su vida habían visto; el reloj continuó, a pesar de todo, diciéndole que jamás podría dejar a su amigo y que no se iría con el. Para el reloj fue más importante la amistad que la regla número 1 de los objetos.
El señor comprendió que la amistad era primero, y así fue que el señor se marchó y dejó a los dos relojes juntos.
Los relojes comprendieron que la amistad era primero, y que no importa lo que te ofrezcan a cambio de ella, siempre tienes que valorarla, preferirla y elegir ante todo la amistad.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por participar en Coedi-Blog