domingo, 2 de enero de 2011

Cuento: El Mapinguari, por Regina González Martín del Campo

Cuando tú vayas a la selva del Amazonas ten mucho cuidado porque soy la prueba viviente de que, en lo más profundo de esta selva, existe una criatura, que soy yo.
Si, ese horrible monstruo que ronda por el Amazonas soy yo. Soy el Mapinguari (así me pusieron). En EUA sería pie grande y en el Himalaya el Yeti. Mi historia de cómo llegué, de ser una persona a un terrible monstruo, se las voy a contar en este mismo instante:
Hace mucho tiempo, como en 1321, yo era un chamán (si no sabes qué es un chamán, es un brujo) muy poderoso. Yo lo único que quería era el secreto de la inmortalidad que tenían los espíritus, pero al parecer a los espíritus, cuando llegué a su mundo con mis pociones, hechizos y conjuros y les robe su secreto, no les pareció muy bonito que un simple mortal les robara el secreto tan bien guardado y además me saliera con la mía, así que enviaron a un espíritu para castigarme, pero no le dijeron cómo castigarme, así que el eligió mi castigo.
Mi castigo fue ser convertido en un peligroso carnívoro, con un horrible olor, mal humor; mido tres metros si me paro con las patas traseras, parezco un oso perezoso con cara de oso, enormes y horribles garras, una segunda boca en la panza y dientes tan amarillos como el sol. Y además no paró ahí: me obligó a odiar el agua, cosa que es muy difícil porque hay muchos lagos y lagunas, y llueve continuamente. Así que no te me acerques si vienes, por que ya no pienso como humano y te atacaré si llego a verte.
Por favor, si encuentran esto, no entren, bajo ningún concepto, a la selva del Amazonas.

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